SI ALGÚN DÍA CRECES
No era la primera vez que lo comentábamos, ni la primera vez en que recibíamos críticas, aplausos, miradas de desprecio y complicidad. A saber tú que eres de tu padre y esa que es de su madre. El caso es que a la hora de elegir bar, alzar vaso dirección al techo con parada a la altura de la frente, bajar por la avenida paralela al pecho y chocar frontalmente en el epicentro de aquel círculo de bebedores y bebedoras, las gotas coincidían. Caían al suelo como diciendo algo así como que hijosdeputa que estáis hechos y benditas las que no os conocen y regalan su tiempo. Nunca os fiéis de los hombres tenía el efecto de niño no te juntes con ese. Tan sencillo como suena. El imán del peligro volvía a ponernos una y otra vez en contacto con el polo opuesto a nuestro magnetismo natural. Chicas deseosas de pasarse al bando de los malos y malos a los que en más de una ocasión les hubiera gustado ser de los buenos pero que por falta de ganas o de tiempo dijeron este es mi bando y aquí mis cojones hasta nueva orden.
Laura miraba a Maik. Maik miraba a Sheila. Sheila a Johny. Johny a Sara. Cuestión de ponerse de acuerdo, y sin acuerdo guerra, amor y fuego abierto. Al final a mi me gustó Sara, y a Sara le gusté yo. Me fui con Sara y Sara se vino conmigo. ¿Conoces mi habitación? Pues no te preocupes porque con un poco de suerte y dos copas de menos mañana la recordarás. Este es el pasillo, aquí está la cocina, el baño a la izquierda, el siguiente es el aseo, esto tan grande es, ehhhh no te equivoques pillina, que es el salón. Y esta maravilla es mi habitación. Es grande la terraza, verdad? Y a la cama, que para perder el tiempo con cafés y películas en cines pocos rivales. Supongo que estás a gusto, yo también. Te molo y tú me molas. Ropa fuera y arriba el telón y tu ropa interior.
Estuvimos haciendo el amor durante largas horas. Dos minutos como mucho predijo ella y la realidad venció y cargó con apuestas a mi favor. Atrás viejas leyendas y mitos del pleistoceno y en primera línea de fuego quedaron lo que tocaba, que no era ni más ni menos que aguantar granizada de sudor y gemidos.
Risas, carcajadas, cachondeo, guasa, chistes, chascarrillos, rumbas, ingenios y copas. Nos besamos como salvajes, abrazados como padre e hija. Ardor, sudor y termómetros rotos quedaron inservibles bajo el hielo de su última frase: si algún día creces comprenderás a una mujer.
El despertador me dijo que eran las ocho y que ya iba siendo la hora de tostadas con tomate y de chica de vuelta a su casa. En lo primero coincidimos y en lo segundo el sufragio dictó golpe de estado femenino. Súbete que te llevo y mañana dios dirá, que nadie como él para repartir naipes y suertes. Besos en la boca y promesas. Como tú y yo. Como antes y ahora. Como siempre será. Porque el hombre promete y promete hasta que un día crece y ya no las mete.
