El tiempo pasa y no perdona a nadie. A mí tampoco. Ahora llegan los viernes por la noche y es el sofá el que espera a un tío con ojos desencajados y hombros caídos, con más stress encima que una docena de yuppies. Pero no crean que siempre fue así. De un par de años para atrás el que escribe las gastaba como Travolta, el puto rey del mambo, ya saben: cerrando bares, comprando churros y bebiendo agua fresca de las gomas de regar de los jardineros. En aquel entonces el sofá podía esperar. Los que no podían esperar eran los colegas a la puerta del Mercadona para hacer una de esas compras que no necesitan de carros de la compra, porque para pillar dos o tres botellas por barba ya me dirán ustedes.
Ahora los sábados por la mañana me entra la vena nostálgica y agarro el teléfono. Entonces empiezo a llamar a un montón de gente de la que cada vez me llegan menos noticias. De las pocas que me llegan, cada vez me sorprendo más porque tiene huevos que fulano se haya casado, y que mengano ya se haya divorciado (pues ya duró menos que fulano) y agarrate que vienen curvas porque sutano también está a punto de coger las de Villadiego porque en dos años, dice, te hartas hasta de las gambas y el caviar, claro que no es de extrañar ya que fulano y sutano siempre fueron cartas del mismo palo (copas para ser exactos). Pero finalmente, tras barajar algunos nombres y con el dedo a punto de marcar, a la primera a la que llamo es a mi madre, con lo que la balanza poco a poco se va equilibrando, entre las llamadas que ella me hacía cuando un servidor yacía con resaca en sitios innombrables y las que ahora yo le hago diciendole qué tal vieja, cómo va el asunto. El tiempo pasa, si.
Y los domingos con un periódico sentado al sol y con el móvil apagado pienso: la hostia, como mi viejo, si me vieran fulano y mengano. Una vez leí en un libro de García Márquez que cuando un hombre toma conciencia de que se parece a su padre es que está envejeciendo. Podría ser, pero el caso es que la pesadumbre de los domingos resacosos se convirtió en la desesperación matutina de los lunes, camino del trabajo, porque no lo olviden, que la energía nunca se destruye sino que se transforma, algo igualmente aplicable a jodiendas y alegrías.
Si alguno tuvo la tentación de pensar, eh mirenlo ahora... Serenidad amigos, serenidad, que ahora las resacas pueden aparecerse como alma en pena un miércoles por la mañana y te joden el jueves, el viernes y parte del sábado. Y si la escaramuza fue bíblica, hasta el domingo. Recuerdo cuando estaba en 1º de BUP que una profesora bastante entrada en carnes, harta ya de mis continuas travesuras y ya en el último trimestre, me dijo: que tranquilo que pareces niño y como sacas el aguijón cuando menos me lo espero. Pobre doña Juana. Supongo que los escorpiones viejos conservan su aguijón hasta la sepultura. Les invito a que se acerquen cualquier día a visitar el sofá en el que descanso tantos viernes. Igual se lo presto esa noche...así podrán reposar la mona hasta el domingo. Yo les ayudaré a buscar la excusa para la parienta, descuiden.
Por cierto, el título del artículo no es mío. Es de Sam, el negrito que tocaba el piano en Casablanca y que cantaba aquello de:
You must remember this
A kiss is just a kiss, a sigh is just a sigh.
The fundamental things apply
As time goes by.
Tenía razón el cabrón: el tiempo pasa.

Tremendo, Mori, tremendo.
Llevaba tiempo sin pasarme por aquí, tu comentario en mi blog me ha hecho pensar que has vuelto a escribir y he pinchado el enlace con tu nombre para comprobarlo. Me he leído del tirón tus tres nuevos textos, tenía ganas de leerte y no he parado para comentar hasta que he devorado los tres.
A menudo me apetece quedarme en casa los viernes y sábados por la noche, pero claro, mi curro me lo impide, quizás ese es el motivo de que me apetezca no salir. De todas formas nunca he sido juerguista aunque casi ningún fin de semana me acueste antes de las cinco de la mañana. Cierro el Junior y alguna copa en otro sitio cae, pero claro, el rato que paso fuera del Junior pocas veces supera las dos horas, lo que quiere decir que mi juerga es como mucho de dos horas... nada comparado con la mayoría.
En el bar también veo que los que son de nuestra edad van dejando de salir poco a poco, es normal, los que vienen ahora los fines de semana son más jóvenes que nosotros. El relevo generacional, le dicen.
Pero bueno, ahora disfrutamos de otras cosas que antes no nos atraían. Es lo bueno de cumplir años, los periódicos nos parecen algo interesante, casi imprescindible para pasar un buen domingo. Se trata de otra forma de disfrutar, y más saludable que una noche de juerga.
Salú!